Por Alejandro Duchini
Para LA GACETA - BUENOS AIRES

-¿Vivís con miedo?

-No.

El periodista salvadoreño Óscar Martínez (43 años) responde con justeza ante la pregunta de LA GACETA Literaria. Hace más de un año que se exilió de su país. El régimen de Nayib Bukele lo persigue por sus publicaciones. No es el único perseguido en ese país en el que los opositores pueden terminar en la cárcel sin juicio previo. Peor: pueden aparecer muertos de un momento a otro o morir lentamente.

Para saber qué pasa en El Salvador hay que leer Bukele, el rey desnudo (Anagrama), su libro de crónicas periodísticas. Son, en realidad, perfiles sobre el mandatario que en las elecciones de febrero próximo intentará su tercer gobierno consecutivo. La popularidad de Bukele creció y se acentuó en redes sociales. Tan de estos tiempos.

A Bukele le gusta decir, más allá de que sus palabras no tengan sustento en los hechos. Y le gusta mostrar, más allá de que se tape el lado b de cualquier asunto. Su fama de vencedor sobre las pandillas que atemorizaban a la población de El Salvador edificaron su figura. Pero, y lo cuenta Martínez, esas pandillas fueron socias del Bukele cuando empezó su carrera de líder político.

“(...) La reducción de homicidios, como han demostrado de sobras el periodismo e incluso entidades gubernamentales estadounidenses, ocurrió gracias a que Bukele empezó a pactar con las pandillas incluso antes de ser presidente, cuando llegó a la alcaldía de la capital en 2015”, se lee en las primeras páginas.

El exilio

Líderes pandilleros se arrepintieron ante El Faro, el medio periodístico del que forma parte Martínez y cuyos integrantes se encuentran exiliados. Videos de esas entrevistas subidos a YouTube dejaron en claro que la gestión Bukele no es lo que parece. Y mostrarlo les valió no regresar al país.

El exilio de Martínez y sus colegas -entre ellos su hermano Carlos y el editor y un camarógrafo- comenzó el 1 de mayo de 2025. Fue cuando se subieron a la web entrevistas “con dos líderes pandilleros muy importantes”. Uno de ellos era Charly (Carlos Alberto Cartagena López), líder del Barrio 18, pandilla enemiga de la Mara Salvatrucha. Charly habló desde su escondite fuera del país, “del que huyó, como está documentado, con ayuda del gobierno de Bukele”. Y agrega Martínez: “Charly fue socio de Bukele durante años para ayudarlo a ascender al poder como líder criminal”.

El tema es que Charly contó sobre aquellos pactos con Bukele. Hasta mostró pruebas. Y pasó lo que se esperaba: “Sabíamos que eso iba a molestar al régimen, aunque no intuíamos que se volvería tan viral en El Salvador”.

A las pocas semanas, las entrevistas de El Faro habían sido vistas por más de dos millones de personas. “La gente las consumió como una serie en Netflix”, dice Martínez. Las expectativas por los siguientes capítulos fueron creciendo tanto como la saña de Bukele y su gente contra los periodistas. Así que se firmaron las órdenes de captura. Los periodistas fueron advertidos a tiempo para evitar el regreso a El Salvador. Se los iba a detener por causas inventadas: tráfico de personas, pandillerismo y hasta lavado de dinero. Incluso, sabían que les implantarían cocaína en sus maletas al llegar al aeropuerto.

“Bukele se sintió muy vulnerable al quedar expuesto en esas tres entrevistas como socio de los pandilleros y necesitó retomar la narrativa de hombre fuerte y aplastó a todo aquel que criticase su gestión”, recuerda Martínez antes de enumerar que hubo “visitas” policiales a las casas de periodistas, activistas y cualquier opositor. Los periodistas exiliados ya son más de 50.

-¿Tenés miedo?

-Ahora mismo, no.

“Que no me quiten más”

“Hay gente que me advertía que no venga a la Argentina”, recuerda Martínez antes de aludir que Bukele y Milei son tan cercanos. “Pero mis viajes son públicos, yo no me escondo, hago presentaciones, doy entrevistas, no oculto dónde estoy. Ya ese hombre me quitó un país, no voy a permitir que me quite más”.

Las investigaciones de El Faro siguieron fronteras afuera. Con fuentes desde El Salvador o con exiliados. Lo que también siguió fue el entierro de cadáveres en fosas comunes o devolución de cuerpos a familiares sin explicaciones. En Bukele, el rey desnudo, esas historias duelen. Está la mujer que le pide por su hijo a la esposa de Bukele, Gabriela: “Usted, como madre, haga algo”. Está el ex amigo con el que Bukele alcanzó el poder pero, después, tras soltarle la mano murió agónicamente. Y está el recuerdo de la vez en que el youtuber Luisito Comunica hizo uno de sus videos mostrando a las cárceles de El Salvador como ejemplo de reconversión social y mano dura.

“Bukele es un muy buen publicista”, define Martínez en la charla. En su libro lo cuenta hablándole a una multitud que lo vitorea como si fuera un Dios. Él parece sentirse Dios. La imagen se asemeja a la de ‘Homelander’ (El Patriota), superhéroe de la serie ‘The Boys’ autoconvencido de ser un Dios. “Bukele -dice Martínez- pactó con asesinos, porque él fue socio de asesinos de salvadoreños. Así construyó su carrera política, de la mano de gente que asesinaba a salvadoreños mientras eran sus socios”.

Martínez sabe que Bukele tiene el apoyo de los medios de comunicación oficialistas y de sus shows en redes sociales. “Hay gente que cree que conoce a Bukele porque ha visto un TikTok, pero hay otro tipo de incidencia que no solo es la popularidad. Ahí es cuando un informe potente, verdadero, también puede incidir”.

“Bukele, el rey desnudo es un libro de ensayos que narran o crónicas que piensan, si lo quieres ver de esa manera. Todos los textos tienen una escena inicial que describe una característica que, como alguien que cubrió todo el periodo de Bukele desde que era alcalde, lo ha visto prosperar. En su momento he sido elogiado por Bukele y luego odiado por Bukele, creo que son las características que lo definen”. Y agrega: “¿Bukele es todopoderoso? Sí. ¿Bukele es internacional? Sí. También es ridículo y también es contradictorio. Eso está en Bukele, a quien le interesa venderse como un líder que está más allá del bien y el mal. Bukele no se vende como un líder humano enteramente. Se vende como una herramienta de Dios”. De hecho, recuerda Martínez, Bukele dijo que “la lucha contra las pandillas de El Salvador fue una lucha entre Dios y el diablo”. “¡No jodas! Tenemos años revelando cómo pactaste con las pandillas y tenemos años revelando cómo pactaste un régimen de excepción que ha encarcelado a los salvadoreños. ¿Qué Dios ni qué el diablo ni qué tonterías, hombre?”.

Para Martínez, el crecimiento de este tipo de gobierno tan populistas puede tener asidero en que “gran parte de nuestras sociedades están enterradas por democracias insuficientes, que no les han otorgado nada. Es como gente que se está ahogando en el mar, pues, y se cuelgan del primer tronco que pasa. Si luego resulta que no era un tronco sino otra cosa, igual ya se agarraron de él”. Y agrega: “Mucha gente lo hace por desesperación y otra por ambición de supervivencia”.

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